Desde el año 1870 hasta el 1900 aproximadamente, los Estados Unidos y Europa Occidental construyeron una red básica de comunicaciones y transporte dando inicio a lo que sería un gran aporte para sus respectivas economías.
Esta red de comunicaciones y transporte compuesta por telégrafos y ferrocarriles fue muy importante para llevar mercancías de todo tipo de un lugar a otro, lo que favorecía la producción y también el consumo.
Sin embargo, los costes de logística considerables existían y había que buscar la forma de reducirlos.
Las empresas de la época tenían que almacenar importantes cantidades de productos y luego llevarlos hacia distintos lugares de consumo para reducir gastos.
Se dieron que cuenta que si los costes de logística podían ser reducidos, los productores podían especializarse en producción regional volviéndose así más competitivos.
El problema que se presentaba era el abastecimiento de materia prima, almacenamiento del producto y su distribución, además de la coordinación de toda la línea de producción.
Entonces, se mejoraron las redes de comunicación y transporte, permitiendo esto grandes cantidades de producción lo cual a su vez, produjo la aparición de agentes representantes y distribuidores a bajo coste. Este proceso de expansión es conocido como “Moderna Empresa Industrial”.
Al mismo tiempo que las industrian florecían y crecían, se pudo invertir en mejoras a las redes de comunicación y transporte: a finales del siglo XIX, las grandes empresas obtenían más beneficios y reducían más sus gastos que una pequeña compañía.